”Beano” fue el primer nombre que tuvo el juego del bingo. Se lo llamó así ya que se jugaba con unos porotos rojos pequeños que llevaban ese nombre. Se utilizaban para marcar cada número sorteado que tuvieran en su cartón. El término bingo terminó siendo acuñado por los Nativos Norteamericanos en los años 20.
Increíblemente, antes de ser incluso llamado Beano, el bingo era básicamente el juego del keno, un juego que era muy popular a fines del siglo XVII. El término de bingo lo pusieron los operadores del juego que quería ocultar que se trataba de una lotería, ya que el bingo era legal, no así la lotería.
El resultado fue que ese juego de azar que se jugaba con personas que cantaban los números, con cartones numerados y con fichas, se terminó llamando Bingo. La mayoría de los historiadores concuerdan con que el bingo comenzó como un juego italiano que aparece registrado en el Renacimiento cerca de 1530, que a su vez evolucionó de un juego llamado Lotto.
La palabra Lotto en italiano significa destino. El juego surgió con la necesidad de escoger a un gobernador sin que hubiera corrupción en las elecciones por lo que decidieron sortearlo. Es una anécdota realmente increíble.
Luego el juego se expandió por toda Europa. Desde Italia cruzó los Alpes y llevó a Francia donde se le conoció como “Le Lotto”, juego que aún se juega tradicionalmente los sábados y que es muy similar al juego del bingo que conocemos hoy en día. Ya por el 1800 el juego era sumamente popular en toda Europa.

